Fuerzas Vivas

Juan Oviedo y Guillermo Mejter, continúan firmes en sus puestos de lucha, preservando el funcionamiento del lugar.

“Cuando la fundamos había un ranchito y un sauce”


La Sociedad de Fomento Monterrey Sur cumple cincuenta años. A continuación, declaraciones de su presidente, representante legal y uno de sus fundadores.

Creada el 11 de octubre de 1960, la Sociedad de Fomento Monterrey Sur se prepara para celebrar un nuevo aniversario.

“Además, desde hace 27 años funciona La Casa del Niño, donde se cuidan a cien chicos por día, desde las 8 hasta las 17 hs.; hay guardería, comedor, apoyo escolar, computación, gimnasia”, dice Guillermo Mejter, actual representante legal.

“Hace 60 años que vivo en Monterrey, esta es una institución muy querida de la cual nos sentimos orgullosos”, afirma su presidente Juan Carlos Oviedo.

“Y los chicos ven el esfuerzo, porque siguen volviendo, hoy son gente casada, con hijos y regresan, no se desvinculan del lugar”, aportan.

“José Ramos, Félix Méndez, Faustino Millán, Miguel Ambroseti, José Cerione y yo, fuimos los fundadores”, declara Benjamín Robledo, que a los 87 años es el único que queda. “Uno de los logros más importantes fue traer la luz al barrio, y otro, mientras fui presidente (primer presidente), fue el de comprar los dos terrenos donde hoy está la sede, organizamos una rifa y tuvimos la suerte de que el número grande, que era en efectivo, no se haya vendido, así juntamos $ 53.000”, recuerda con precisión.

Venezuela al 1100, es la dirección del lugar y su teléfono 02322-485971.

-¿Qué se siente al ver el desarrollo de tan digna institución?

-Una satisfacción enorme, sé que puse un grano de arena y gracias a eso hoy la gente camina sobre veredas, tiene luz y tantas otras cosas que con esfuerzo y trabajo se lograron para el barrio.

Organizaciones que dieron vida y progreso a los barrios, Fuerzas Vivas que definen a la ciudad.

“Derqui crece al ritmo que quiere la gente, en la medida que no hagamos nada vamos a seguir como estamos, si apuramos el tranco Derqui despega, la muestra está en lo que se hizo el 25 de mayo”, reflexiona el Representante Legal antes del 22 de agosto, fecha elegida para celebrar la continuidad del espíritu fomentista que resiste en las paredes del lugar y en el corazón de su gente.


Lautaro y Vicente junto a su nono Don Robledo, uno de los fundadores de la Sociedad de Fomento del barrio Monterrey, hace 50 años atrás.

Al final de este viaje


> Por Victor Hugo Koprivsek

Hay niños en la esquina, niños en el corazón, saltarines, multicolores, niñas del tiempo, pequeños de risas y de abrazos.

Hay niños en los pasillos, cocinas, colectivos, niñas que brincan sogas y saltan elásticos, niños traviesos, héroes dichosos de un mundo extraño.

Sus risas andan inclinando la balanza, contrarrestando.

Volverse niño ¡qué maravilla! por un día al menos, para aquellos que han perdido el rumbo, como yo.

Niño de juegos, niño como cuando la esquina reunía la barra primera, Paula, Guille, Nico, Fernanda, Martita, Gaby, Laura, Pablo, Marcos, Sebastián. La esquina, el mundo aquel que fue, hecho de meriendas por las tardes y permisos recién después de la tarea.

Y el tiempo pasó y la adolescencia, y nos fuimos mezclando, sí.

La hija de aquél se casó con el hijo de éste y tuvieron dos hijos. El hijo de aquella se juntó con el hijo de aquél y nacieron cuatro más.

¿Quién se iba a imaginar que semejante cruce de amores y miradas, terminaría en sus caritas poblando los jardines?

El barrio es así, acá de puro saludo se enamoran.

Niños nuevos, niñas nuevas, hijas e hijos de quienes fuimos y somos.

Haz de luz, allí están, corriendo por el verde cuando el sol del mediodía entibia los patios del cariño. Mírenlos bien, ellos andarán mañana como nosotros hoy.

Viajeros del tiempo que celebran el amor de las abuelas y los abuelos sin babero.

Si supieran que ustedes les ablandaron las mañas, que ustedes los van volviendo niños otra vez.

-Abuelita, abuelita-, se acercan corriendo.

-Chau nono-, repiten al irse.

Lindo tramo gustoso de la vida, al final de tanto esfuerzo.

Encima no queda allí, apenas es el comienzo. Un nuevo comienzo de las cosas.

Hoy Derqui desborda de niños, nacieron, están entre nosotros, debajo de las mesas, trepando muebles y árboles, preguntando cosas increíbles. Son malabaristas de la tarde, chispitas del camino, saltan, bailan, cantan y cuentan mágicas historias.

Tantas niñas con muñecas y caritas sucias, princesitas de los barrios, todas con sus ojitos abiertos, sus oídos expectantes. Tantos niñitos pillos de baldíos o silenciosos de Internet, ocurrentes, desafiantes, indescifrables, luminosos.

Herederos de la sangre, las sobremesas, los entusiasmos, las locuras, la timidez. Transcendiendo a los mayores, a los que faltan porque ya descansan en la tierra y a los que aún sonríen como un legado.

Vaya historia la nuestra, algunos llegaron desde muy lejos, hace cuarenta, cincuenta o cien años, otros desde hace menos. Pero todos forjados por este pueblo, por la vida aquí.

Fundadores de sociedades de fomento, clubes, levantadores de paredes.

Y aún seguimos los hijos de los hijos, soldando, atendiendo comercios, dando clases, haciendo periódicos, siendo amas de casa, hilvanando sueños, sin morir.

Mientras ellos miran, y ríen, dan vuelta la casa, desparraman soledades, ahuyentan tristezas, desarman desilusiones. Niñitas y niñitos inquietantes. Lindo verlos, sentir su abrazo.

-¡¡Tío, tío!!-, gritan desde lejos.

-¡¡Mami, papi!!-, se levantan sus voces en las sombras del imperfecto mundo.

Porque acá no aprendimos a resignarnos, acá, supimos salir delante de pura porfía nomás, supimos arrebatarle el micrófono al silencio para decir basta.

¡¡¡Miren, hay niñas y niños que llegan, son cientos, miles, están entre nosotros y vinieron a salvarnos!!!