Centro infantil "Vaquita lechera"

Adolfo Pérez Esquivel rodeado por las chicas y chicos del grupo "Teknon, arte que edifica", quienes participaron el 12 de noviembre en el Festival + CULTURA + EXPRESIÓN Derqui 2011

Premio Nobel de la Paz en Manzone

 

Adolfo Pérez Esquivel inauguró en la vecina localidad una biblioteca popular que llevará su nombre.

 

Por V.H.K.

 

Barrio, calles de tierra, zanjas, sueños, ganas de más, de tocar el corazón de cientos de pibes que acuden al centro infantil, a su comedor, y que a partir del sábado 22 de octubre, además de una taza de leche, podrán acceder a un libro.


“Mis viejos están trabajando en la organización desde el año 2002, Omar Montenegro y Herminda Sosa, ellos son los que nos pusieron esa semilla de poder ayudar a la gente”, dijo Ramón Montenegro (29), miembro de la familia que sigue abriendo las puertas de su casa para forjar futuro y dignidad.


Mientras el sol del mediodía entibiaba las veredas de Manzone y los árboles quietos observaban con silencio los preparativos de la fiesta, una nueva biblioteca nacía al costado del camino, farol de luz que cobijará palabras y poesías en las tardes suaves.


“Viendo los chicos del barrio, conociendo sus necesidades y sus realidades, que por ahí sus padres tienen que ir a trabajar todo el día y están solos muchas horas o algunos no tienen para comer, a partir de ahí pensamos no solamente en poder ofrecer un plato de alimento, sino además ayudar a abrir las mentes, estimularlos a que estudien, no queremos que se pierdan en la droga ni el alcohol”, se sumó a la charla Daniel Montenegro (26), hijo, hermano y compañero del Centro “Vaquita lechera”.


Ellos vienen de José C. Paz, del barrio Sagrada Familia ubicado entre San Atilio, La Paz y Frino.


“Y bueno, nos vinimos para acá y mis papás empezaron con el comedor y la copa de leche, al comienzo nosotros no queríamos saber nada, lo ignorábamos, pero con el tiempo empezamos a valorar lo que ellos hacían y dijimos: ‘Vamos a meterle pata nosotros también’”, se emociona la muchacha y sus ojos llenos de brillo entusiasman la jornada, que incluyó también un mural pintado en vivo en la estación de trenes y un recorrido de murgas y expresión corporal llevado a cabo por dignos representantes derquinos: Utopías denunciadas, Defensores del Triángulo y Teknon, arte que edifica.


-¿En qué les cambió la vida tomar la decisión de colaborar con sus padres en el Centro Infantil?


-En todos los aspectos, más cuando los chicos del barrio también comenzaron a involucrarse; que los vecinos hayan respondido acercándose hoy y participando como lo están haciendo nos llena de orgullo-, responden los tres hermanos al unísono.


Comedor comunitario, escuelita de arte llamada “Calle” y ahora biblioteca, que lleva por nombre el del Premio Nobel de la Paz Argentino, Adolfo Pérez Ezquivel, quien estuvo presente en la ceremonia.


“Estamos aquí viendo las murgas, la vitalidad de los chicos, esto es muy sano, porque a veces los jóvenes están tan metidos en sus angustias que tienen que comprender que todo esto es un sentido de esperanza a la vida, hacia la luz”, dijo con voz suave Esquivel.


-¿Cómo ve estos tiempos nuevos que se están viviendo?


-Estos tiempos tienen de todo, tienen muchas luces, posibilidades y también hay sombras, hay muchos claroscuros, pero creo que el saldo es positivo, que la participación de los jóvenes es fundamental. Mientras mucho se habla de cómo se van destruyendo los vínculos familiares, esto demuestra que no es así, que una familia haya puesto su casa al servicio de la comunidad es un ejemplo hermoso.


Cultura, arte, manos abiertas, colores, barrios de pie, juventud en marcha, con el corazón a flor de piel, sintiendo las necesidades ajenas como propias, sabiendo que todos estamos unidos, que todo nos roza a todos.
Pibas y pibes dispuestos para achicar brechas, sepultar sombras, ser candil de esperanza allá donde más se necesita. Manzone, Astolfi, márgenes de un mundo inmenso, rincones de vida donde nuevas bibliotecas nacen, como lo hizo “Palabras del Alma” en Peruzzotti (Pilar) o Paulo Freire en San Atilio (José C. Paz).


“Chau chau chau chau… la murga se va, con sus bailarines, sus movimientos, se va despidiendo… queremos agradecer, por toda su atención… con un fuerte abrazo que llevó guardado en mi corazón”.◘