Cuando la sangre manda

No te vayas muy lejos que el mundo está enfermo. Vecino amigo, doctor y padre.

El Dr. Fulco entró en la historia por la puerta grande


A los 77 años partió una de las personas más respetadas y queridas del Partido de Pilar. Alguien que anduvo por la vida sanando gente.


> Por Victor Hugo Koprivsek

¿Cómo se llega a un pueblo? ¿De casualidad o por destino? Y después ¿qué se hace? ¿Cómo se sueña una ciudad? ¿Quién abre caminos?

Quizás porque elegimos creer, es que el gordo no murió. Quizás porque lo que se dice de él, es lo que tanta falta nos hace como sociedad.

Generosidad, entrega, respeto, compromiso con la tarea y amor al prójimo. Mano tendida, preocupación, esfuerzo y lucha. Pero de verdad, de pasarte la sangre si es necesario ¡¡¡para que vivas!!!

Cómo no vamos a sentir orgullo si era nuestro, hecho de todos.

Barro, distancia, desafío y vocación. Algunos ya piensan en ponerle su nombre a una calle de Derqui. ¿Y por qué no?

Podría ser tranquilamente la Av. de Mayo o la otra poderosa, la Av. Alfaro ¿Por qué no? Incluso hasta podría ser la Iparraguirre, donde vivió con su familia, donde los pibes crecieron. ¿Por qué no? El gordo se lo merece.

Y Presidente Derqui, digo, ¿se lo merecía a él?

Sea o no, Fulco decidió quedarse y hacer historia.

Después de llegar un día y no irse más. Después de entregarlo todo, de brindarse entero, de dejar la sangre y no irse más.

Por suerte estuvo, para enseñarnos esa pasión de andar sanando vidas.

La vocación esa con que anduvo honrando su trabajo de médico, haciendo huella.

Derqui te abraza en una despedida que no es.

Porque de acá no te fuiste, no todavía.

Fijate bien pibe, o usted señora, sí, usted que llegó a vivir a Derqui hace poco, fíjese bien, debajo del asfalto hay un huella, una pisada que achica distancias del tiempo, que no hace diferencia entre ricos y pobres.

Es la que dejó el Dr. Fulco, andando de acá para allá con su maletín en mano sanando penas. A pie o en Gordini o Jeep.

Viejito lindo, menos mal que te tuvimos, hoy que hay tanto lucro, tanta especulación, que hasta la salud se volvió un campo de batalla.

El tanque Diego me dijo: “Hay que hacer una fiesta para que vengan todos los pibes que curó alguna vez”. Para celebrarlo. Una fiesta para recordar a nuestro doctor y brindar por él.

Envueltos con frazadas de fiebre llegábamos, entre madres asustadas y padres confiados llegábamos, para salir curados.

Maestro, si todo lo que se diga es poco. Sonrisa amiga, vecino del alma, lindo oficio te elegiste.

Y entonces uno piensa, dame veinte como vos y hasta la muerte espantamos.

Espero no te defraudemos gordo. El haberte preocupado alguna vez por nosotros, los derquinos. Si hasta inventaste un banco de sangre… para que vivamos.

Ese fue el gordo, un tipo que rompía la cadena de maltrato, esa que habitualmente vemos como castigo de la gente común, los laburantes con plata o sin plata.

Ese fue el gordo, alguien que elevó hacia la altura la virtud humana, y que se jugó por el otro y que se lanzó a los caminos para intentar curar.

Nosotros te vimos. Por suerte te vimos. Ahora sabemos que se puede, que no todo es plata en este mundo enfermo. Gracias gordo, seguramente cuando esta ciudad pueda tomar sus propias decisiones, tu nombre flameará en lo alto de las esquinas, como ahora en nuestros corazones.