La mesa de café

La predisposición y el respeto que sobrevoló durante toda la charla, es algo digno de resaltar; como así también la sinceridad y el entusiasmo de cada uno.

“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos
te ven” (Job C.42 V.5)


> Por Victor H. Koprivsek

Oscar es vecino de Del Viso, hace 16 años que es el cura párroco de la iglesia católica San Antonio de Padua, ubicada frente a la plaza principal de Derqui.

“Hace 19 años que soy sacerdote, me crié hasta los 15 en Del Viso. Con mucho orgullo puedo decir que soy el primer cura de esa ciudad, después se ordenaron 5 más”, hace referencia Oscar, en la entrevista llevada a cabo en el Café Bar Tilcara (San Martín e Iparraguirre).

Hernán vino de Rosario en el ’98 y en el 2003 asumió como Pastor de la Iglesia Evangélica del Nazareno Altos del Pilar, ubicada en el Cruce Derqui.

“Alguna vez leí que la espiritualidad es lo que hace el hombre para llenar el vacío que tiene dentro; obviamente desde mi perspectiva cristiana entiendo que Dios es quien llena ese vacío y, en vísperas de la Revolución de Mayo, creo que Dios nos da la libertad que tanto buscamos”, da Hernán el puntapié inicial.

-¿Cómo ven a esta ciudad en ese aspecto?

O:-Para mí, Derqui es un gran desafío. Ahora que te invaden con tantas cosas, el tema es ver cómo le presentamos a Dios a las personas, sobre todo a la juventud. Es muy triste ver cómo destruyen a los jóvenes delante de tus ojos. Lo que te pasa como pastor es que ellos tienen más exigencias, porque los jóvenes siempre van por más, y lo que quieren es tu coherencia; dentro del templo somos todos buenos, el tema es cuando cruzamos el umbral de la iglesia, ahí es cuando uno más tiene que mostrar a Dios.

H:-Cuando llegué a Derqui me sorprendió, siempre digo en broma que mi ciudad es La capital del mundo, Rosario, y cuando estuve por primera vez acá, que vine a tomar el tren a Retiro, tuve la sensación de estar en un país de muchos años atrás. Si bien en estos 12 años vi crecer a Derqui a pasos agigantados, para mí todavía no progresó en proporción a otros municipios que lo rodean. Y coincido con Oscar, cuando les pregunté a los jóvenes de mi iglesia: “¿Qué es lo que más le molesta de la sociedad?”, el 80 % respondió: “La hipocresía”.

Hasta que Cristo sea formado en mi corazón.

O: -Para mí no fue fácil conocer al Señor, yo era de los que iba a la iglesia porque podía jugar al fútbol o ir a los campamentos. No es fácil meterse en el corazón de Jesús, es algo así como los foros de la pobreza, todo el mundo habla pero después hay que ponerse a laburar para los pobres. Por eso para mí Jesús es un gran interrogante, es mucho más de lo que puedo expresar en palabras y obras, hoy sigo descubriéndolo.

H: -En mi caso me siento bendecido, yo tuve un encuentro con Dios a los 6 años, y no fue algo místico, no; fue simplemente desde la comprensión de su amor. Al niño vos le hablás de Jesús y enseguida conecta, el adulto no, ya tiene más lentes, más prejuicios; por eso yo me siento beneficiado en ese sentido y hasta puedo identificar en mi infancia, el momento en que dije: “Este Jesús me gusta y quiero ser como él”.

O: -El Señor siempre está ahí para tomarlo y su amor es personal.

Pedro, Judas y Poncio Pilato.

H: -Algunos actuamos como Judas y otros como Pedro, los dos fallamos; pero Pedro supo sentirse arrepentido y buscarlo, y Judas se desesperó y se quitó la vida.

O: -Peor que nos pase como a Pilato que se lavó las manos, y cuando le preguntó a Cristo qué era la verdad, antes que le respondiera pegó media vuelta y se fue, porque estaba negociando, era político, y con Dios no se negocia, se ama.

Cada uno de los dos, como parte de sus iglesias, tiene logros alcanzados y sueños por cumplir.

“Cuando recién llegué, donde está la Parroquia había un tinglado y se guardaban autos de vecinos y comerciantes. Ahora, en ese mismo lugar levantamos la Casa Solidaria, con 11 aulas, un comedor muy grande, baños arriba y abajo, pero así y todo seguimos luchando; también se logró el Hogar Los Toritos donde comen más de 360 chicos por día”, cuenta orgulloso Oscar.

En su caso, Hernán resalta la creación misma de la iglesia, ya que antes de su arribo no estaba.

“Lo veo como un milagro, que de la nada algo surja y se establezca, y fruto de ese trabajo también surgió algo muy lindo en el barrio Toro, la iglesia pudo levantar ahí una misión, Dios nos dio un terreno de 2500 mts.2, para llevar adelante un proyecto social. Soñamos con tener un comedor, brindar apoyo escolar, tener una huerta, en eso me siento un poquito más partícipe porque estuve desde el principio”, comparte.

“Tenemos que vivir soñando, si no soñás te morís”, expresa el Padre Oscar.

“Jesús era un revolucionario y el último día dio su última gran lección, dijo –Yo estoy acá para servirlos muchachos-, y se dispuso a lavarles los pies a sus discípulos, y Pedro saltó –No, cómo vas a lavarme los pies a mí-, en el fondo lo que dijo fue, -Yo jamás haría eso en tu lugar-. Por eso digo ¡qué capo es Jesús!”, finaliza el Pastor Hernán.

Linda charla. Esperanza, oportunidad, desafío, perdón; palabras pronunciadas en una mesa de café distinta, casi un homenaje a las distintas congregaciones que a lo largo de la historia de Derqui supieron aportar su granito de arena y ser parte del crecimiento de un pueblo en busca de su identidad.