Un tiempo después

Robert, Isabella y Paola, una linda nota que seguramente llegará a los pagos mendocinos, para saludar a todos los queridos. Que así sea.

Con un brillo especial

> Por VHK

 

En la edición de octubre de 2009, titulábamos en tapa El casamiento del año. Veintiún meses después, cantamos: “Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro… invitando a vivir”.


En la página de las notas escritas con el corazón, quedará ésta. En un lugar del mundo, en una esquina con luna, junto a todo lo querido. Porque en estos casos, donde se mezcla el tiempo con los sueños y la vida y lo que somos, la palabra escrita se vuelve árbol, hermano, abrazo, amigo. Y porque los últimos serán los primeros.


Isabella cumplió un año. Sus padres, Paola Teruel y Roberto Carlos Ayala, abuelos, tíos, primos, amigotas y amigotes de sus padres, hijitos de ellos, hermanas de abuelas, parientes de Mendoza; todas y todos, alborotados, sonrientes, dichosos, festejamos el 4 de junio su primer añito.


Y entonces, como que se desenrolla una sucesión de imágenes hasta aquí, aquí mismo, en el momento justo en que posamos nuestra mirada sobre esta foto y sonreímos sabiendo, cuánto ha costado llegar hasta esta paz, amigo.


Cosas del barrio, clubes, piletas, boliches, salidas, viajes, calle, tiempo compartido, aprendizajes que esconde la noche. Y más, todo eso vivido, sucedido hasta ahora. Lo bueno y lo malo, con Doña Pascua esperando después de la tormenta.


En la primera hoja, en la Editorial, dice: “Avanzan, construyendo… sus propias casas… a lo mejor la rueda gira muy rápido y no hay tiempo para detenerse debajo del alero… y que la brisa fresca de este invierno despeine este cansancio… pero, están edificando, cimientos son”.


Él trabaja en una fábrica del Parque, ella es Asistente Social en la Salita de Villa Luján. El barrio los cruzó, se vieron una vez, nunca más se soltaron, su amor anduvo decidido; por momentos, sobre caballos de trueno. Nueve años de noviazgo y casi dos de casados.


Hoy, en su patio, el sol disipa cualquier nube. A dos cuadras está la plaza, otras pares y la estación; la familia cerca, Isabella cumpliendo su primer año y las abuelas chochas. ¡Qué maravilla de mundo!


“Un tiempo después” es la sección donde los lectores vuelven a encontrase con aquellos rostros e historias que honraron nuestras páginas y dieron vida a tantas charlas de sobremesa, a tanto de lo nuestro. Allí los tienen.


“Cayeron dos titanes”, rezaba el epígrafe de tapa con la foto de Pao y el Negro, casándose en la iglesia de San Antonio.


Isabella cumplió un año y hubo fiesta y se lucieron los detalles.


Toda una novedad esos waffles con crema y dulce de leche, pero la verdad, amigos, queridos, el guiso de buseca… ¡¡¡la rompió!!! ◘