El apogeo de la historia

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Reflexiones del 9 de julio

 

> por Pablo Etcheberry

Como sabemos, este mes se conmemoran 195 años de aquel 9 de julio de 1816, fecha que nos lleva directamente a la palabra “independencia” y nos retrotrae, inevitablemente, a la infancia, a los actos escolares, a la “casita” de Tucumán…
¿Qué pasó exactamente aquella tarde invernal? Se estableció oficialmente la independencia política y el fin del colonialismo y el imperialismo de la monarquía española. Esta situación responde a su efeméride inevitable y predecesora: el 25 de mayo. La organización política (forzada por el imperialismo napoleónico, que apresa al virrey Fernando VII), si bien era criolla, respondía en su nacimiento a la corona española, resguardando el control político hasta la estabilización de las tensiones europeas.
En 1814, el Virrey retorna al poder, junto con las pretensiones imperialistas. Las Provincias Unidas en Sud América entonces se debatían entre independencia y colonialismo, entre sectores realistas que presionaban política y bélicamente y una coyuntura desfavorable: Bolívar había sido derrotado, Chile había retornado a manos realistas, los españoles amenazaban Salta y Jujuy apenas contenidos por Güemes, la Banda Oriental estaba en disputa con los portugueses.
La independencia, que tras ser declarada luchó por la legitimidad externa, la conciliación de intereses entre los sectores sociales y la heterogeneidad en la concepción del rumbo a seguir en la construcción de una nación, fue el resultado forzoso del momento crítico del proceso de ruptura de lazos coloniales en toda América. La historia mitificada, parcializada, que abundó (y lamentablemente abunda)  en las escuelas desde la institución de la Nación argentina, nos enseña esto, simplificado, novelizado, con el solo objetivo de fomentar el nacionalismo en base a un pasado en común.       Independientemente de que esto esté bien o mal, creo que usar a la historia como herramienta y manipularla para homogeneizar la cultura, ideología e intereses de una sociedad en gestación hace un peligroso daño a nuestra concepción del pasado y, por lo tanto, nuestro presente, nuestra cultura y nuestras ideologías. Obviamente no todo fue color de rosas. El imperialismo no necesitó ya de lazos políticos. El capitalismo, con la hegemonía creciente de la industrial Inglaterra, con sus contradicciones e injusticias, comenzaba lentamente a transformar al mundo en un sistema centro-periferia (explotador-explotado).
En 1824 se firma el primer préstamo de Inglaterra (Baring Brothers), el cual se termina de pagar 120 años después, siendo el germen de la gran deuda externa argentina. El Estado olvidó, desterró, asesinó y excluyó a los pueblos originarios, y hasta el día de hoy no cambia de parecer. La pobreza, la desigualdad, la marginación, la crisis cultural, la explotación son moneda corriente desde aquel entonces…
No critico la independencia, al contrario; sólo remarco la capacidad de penetración y los reajustes del sistema mundial de poder, que desde la economía imponen un modelo de vida basado en la competencia, la superioridad y el culto y divinización del dinero, que nos consume cada día, desde la cultura, desde la política, desde los medios masivos de comunicación…Creo que la educación fue su principal herramienta, pero creo también que es una gran herramienta para que todos juntos podamos luchar por la conciencia, la cultura y el pensamiento.
La cultura es libertad, la educación la llave, nosotros, el pequeño gran granito de arena para el cambio, para la igualdad y para un mundo más justo. Creo que la independencia no es solo una efeméride, es el cambio que día a día debemos construir juntos. Todo está en nuestras manos, ¡seamos artífices de la independencia y la libertad! ◘