Antes de volver a París, el genial acordeonista se despidió de la Argentina con un concierto que llenó de magia el conocido restaurante del Km. 50 "Tinto y Soda".
El domingo 7 de agosto, pasadas las 22 hs., el prestigioso músico se presentó en el shopping Torres del Sol de Pilar, ante más de 100 personas.
En un ambiente de profundo respeto, interpretó un exquisito repertorio conformado en su mayoría por obras de chamamé.
Con más de 30 discos grabados, Raúl Barboza vive en Francia desde hace 25 años; fue amigo de Astor Piazzolla, “quien me abrió las puertas de Europa y me dio una gran mano”, señaló antes de interpretar “Adiós Nonino”.
Bailarines, musiqueros, aroma de río y esteros, podían verse a través de su trabajo musical, con el acompañamiento de Nardo González (guitarra) y Roy Valenzuela (bajo).
“Yo no vivo de la música, la música hace que yo viva”, destacó Barboza, de 73 años de edad.
Después de un cálido abrazo con Graciela Borges, asidua parroquiana del lugar, ambos se prestaron para charlar con la gente que, al cierre, celebraba con aplausos y de pie la tertulia memorable.
Damasio Esquivel, Isaco Abitbol, patriarcas del chamamé cuyos nombres sobrevolaron las mesas de “Tinto y Soda”, junto al hogar y el choque de copas en la ronda de la amistad.
“Colores del monte”, “Melodía de un momento”, “El árbol y el colibrí”, “Luz de amanecer”, “La calandria”, “Merceditas”, “Tren expreso” y “El toro”, fueron algunos de los temas que deleitaron a la concurrencia.
“Muchos son sonidos que escuché en ese lugar misterioso que son las cataratas del Iguazú, con sus colores de Misiones, verdes y rojos intensos, agua grande, agua que no para”, así describía antes de cada melodía.
El chamamé zarandea pinceladas de cuchillos en el aire, tempestades y silencios salpican los movimientos del acordeón.
Excelente propuesta, un momento que sin duda quedará en el recuerdo de todos los presentes, afortunados testigos de la última “musiqueada” en Buenos Aires de Raúl Barboza, antes de volver a Francia.◘