por Víctor Hugo Koprivsek
Hay algo de risa en todo esto, algo que brilla. Hay una manera de mirar allí, una forma del tiempo hecho de abrazos. Cierta belleza que no miden las estrellas.
Es la infinita posibilidad del agradecimiento grande, de esa índole con que se paran los hijos terribles que sembraron, los que han nacido hombres para bien del día.
En ese gesto cotidiano del respeto y el acompañamiento, hay un acuerdo inclaudicable que es un descanso y un sostén. Por eso las amamos y más.
Allí están, son ellas. Mujeres, hermanas, tías, abuelas, hijas, primas, esposas. Madres. Cada una con sus calles, sus discursos, comidas, contenciones, silencios. Cada una con sus dos caras de la moneda, capaces de despertar grandes amores… y broncas que ni les cuento… ¿verdad?
Son mujeres del día, hechas de esfuerzos, de ese ir y venir por la vida, trabajar, educar, ordenar, esperar, avanzar sin descanso. Disfrutar, soñar, amar. Llenas de desafíos y paciencias, de distancias y cercanías, algunas ya de vuelta y otras, recién arrancando, muy recién. Camila, Valentina, Paulina, Julieta (bebita), pequeñas curiosas que rodean a un Santino único hombrecito entre ellas.
Después llegan las demás, son maestras, amas de casa, criadores de lo nuevo, forjadoras de silencios en la siesta y charlas interminables junto a la mesa del tiempo. Andy, Mica, Pucky, Jose, Romi.
Más abajo las columnas que sostienen mediodías enteros, plataformas de meses y años cargados de labores y sonrisas, porque acá se da pelea m’hijito, acá se batalla. Hilda, Maringa, Marisa y Evangelina.
Y en el centro Ella, con mayúscula, rodeada de todo lo nacido, de este presente hecho bullicio y correrías, la nonna Teresa llegada de los mares, cumplidora de un año más entre nosotros, Teresa almacén, novela de la tarde, legado de las horas porfiadas, de la minuciosa tarea de atendernos y velar por todos. Abuelita querida, mamá grande.
Mujeres de la familia, maravilla de la vida sus miradas profundas.
Acaso todas las palabras del mundo no lleguen a describir el recorrido y la entrega con que andan. Madres que fueron o serán.
Imaginen los maridos al costado de la foto, mirando, observadores exhaustos de ese mundo por momentos inquietante, porque el universo femenino es un misterio inalcanzable. No es joda muchachos, semejante belleza.
Miren bien, parecen irreales. No hay calendario donde quepa el día en que por fin, como hijos que somos, honremos sus desvelos.
Pero qué lindo verlas sonreír, qué alivio después de tanta lluvia el reposo de su risa franca. ¡¡¡Y qué descendencia por Dios!!! ¿Pueden creerlo? Y las que faltan, Marien, Anita, Mary, Ariana, Marina, Andrea, Erica. Y la otra gigante, la abuela Romana mamatierra desde el cielo.
Nuevos brotes han crecidos en la firmeza de lo propio, en el amor que se comparte, en el cuidado de ternuras extremas, como extremos fueron los días hasta la paz.
El tercer domingo de este mes, han de llegar los abrazos de a montones, feliz día rezarán. ¿Para qué esperar tanto, si el sol nace cotidiano y la luna?
Una última nota para el corazón en una edición sin tiempo, octubre que pasa, otro año que pasa. En la alegría de los nuestros crece una victoria indescriptible, el milagro de Dios, la paciencia de sus manos nacedoras. Vientre y cobijo, gratitud y perdón.
Feliz dia a todas las madres derquinas y del resto del Partido y ciudades vecinas. ◘