12 de octubre. El apogeo de la historia

El 12 de Octubre simboliza el genocidio más grande en la historia de la humanidad. 90 millones de nativos americanos asesinados salvajemente enlutan el alma de nuestro continente.

 

La mentira de dos mundos


Uno de los exterminios más crueles jamás contados, el de los Pueblos Originarios de América. A continuación, un ejemplo del salvajismo de los conquistadores.
Fuente Felipe Pigna (www.elhistoriador.com.ar)

 

José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru), nació el 19 de marzo del año 1740 en el pueblo de Surimaná, Provincia de Tinta (Perú). A los 40 años preparó la insurrección más extraordinaria de la que tenga memoria esta parte del continente.


La independencia propuesta por Túpac no era sólo un cambio político, implicaba modificar el esquema social vigente en la América española. Por donde pasaba su ejército se acababa la esclavitud y la explotación de los seres humanos.


La gravedad de la situación llevó a los virreyes de Lima y Buenos Aires a unir sus fuerzas. La noche del 5 al 6 de abril de 1781 se libró la desigual batalla entre los dos ejércitos. Según un parte militar: “fueron pasados a cuchillo más de mil indios y derrotado el resto enteramente”. Túpac fue hecho prisionero y trasladado al Cuzco.


Sometido a las más horribles torturas durante varios días para que delate a sus cómplices, se le ataron las muñecas a los pies y en la atadura que cruzaba los ligamentos fue colgada una barra de hierro e izado su cuerpo a 2 metros del suelo causándole el dislocamiento de uno de sus brazos. Túpac no delató a nadie. Se guardó para él y la historia el nombre y la ubicación de sus compañeros.


El 17 de mayo la condena a muerte alcanzó a toda su familia, ya que se recomendaba que fuera exterminada toda su descendencia hasta el cuarto grado de parentesco.  


A continuación, se transcribe textualmente el relato de la muerte de la familia Túpac Amaru ocurrida el 18 de mayo de 1781, contada por sus asesinos:
“El viernes 18 de mayo de 1781, después de haber cercado la plaza con las milicias de esta ciudad del Cuzco... salieron de la Compañía nueve sujetos que fueron: José Verdejo, Andrés Castelo, Antonio Oblitas, Antonio Bastidas, Francisco Túpac Amaru; Tomasa Condemaita, Hipólito Túpac Amaru hijo del traidor; Micaela Bastidas su mujer, y el insurgente, José Gabriel. Todos salieron a un tiempo, uno tras otro. Venían con grillos y esposas, metidos en unos zurrones, y arrastrados a la cola de un caballo aparejado. Acompañados de los sacerdotes y custodiados de la correspondiente guardia, llegaron al pie de la horca, y se les dieron por medio de dos verdugos, las siguientes muertes. 


A Verdejo, Castelo y a Bastidas se les ahorcó llanamente. A Francisco Túpac Amaru, tío del insurgente, y a su hijo Hipólito, se les cortó la lengua antes de arrojarlos de la escalera de la horca. A la india Condemaita se le dio garrote en un tabladillo con un torno de fierro... habiendo el indio y su mujer visto con sus ojos ejecutar estos suplicios hasta en su hijo Hipólito, que fue el último que subió a la horca.
Luego subió la india Micaela al tablado, donde asimismo en presencia del marido se le cortó la lengua y se le dio garrote, en que padeció infinito, porque, teniendo el pescuezo muy delgado, no podía el torno ahogarla, y fue menester que los verdugos, echándole lazos al cuello, tirando de una a otra parte, y dándole patadas en el estómago y pechos, la acabasen de matar.

 

Cerró la función el rebelde José Gabriel (Túpac), a quien se le sacó a media plaza: allí le cortó la lengua el verdugo, y despojado de los grillos y esposas, lo pusieron en el suelo. Le ataron las manos y pies a cuatro lazos, y asidos éstos a las cinchas de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se ha visto en esta ciudad. No sé si porque los caballos no fuesen muy fuertes, o porque el indio en realidad fuese de hierro, no pudieron absolutamente dividirlo después que por un largo rato lo estuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire en un estado que parecía una araña. Después se condujo el cuerpo debajo de la horca, donde se le sacaron los brazos y pies. Esto mismo se ejecutó con las mujeres, y a los demás les sacaron las cabezas para dirigirlas a diversos pueblos”.◘



Latinoamérica vive


por Pablo Etcheberry

 

El sistema capitalista que hoy se desarrolla mundialmente, tuvo sus orígenes con el impulso progresivo de la economía de mercado. Ésta, por su naturaleza, necesita tanto de mano de obra como de materias primas para la producción. Uno de esos impulsos llevó a que Europa descubriera accidentalmente la existencia de un continente que hoy llamamos América.
Este proceso se desarrolló con el prisma de una mentalidad aún medieval, arraigada en el cristianismo, en plena lucha contra la herejía, sumada a una cultura etnocéntrica, que naturalizaba la esclavitud, no concebía la existencia del Otro, de otra cultura, de otro mundo.


Sobre esta base, Europa deconstruyó un continente, borró su historia, torturó y esclavizó siglos de cultura y lo reconstruyó sobre, primeramente, colonias de explotación de mano obra esclava, y luego sobre el neocolonialismo, para satisfacer las necesidades del sistema capitalista, imponiendo estructuras políticas, económicas y culturales europeas, tanto para configurar la base de producción, como la de consumo,  de la cultura hegemónica mundial.


Los estados americanos favorecieron el proceso, aplicando por medio de la educación una cultura de consumo, del sistema como la única realidad, la historia mutada con fines nacionalistas y la represión al pensamiento.


Los intentos revolucionarios chocaron frente a una complejidad social e ideológica, los estados represivos acallaron con dictaduras y populismos pro-sistema, domesticadores de masas, cualquier movimiento social, cultural o político.


América es, forzosamente, el corazón y el alimento de un monstruo que transforma a la vida en una mercancía, a lo natural en lo ajeno, la esencia en superficie y a la cultura en competencia.


Pero en nuestras venas abiertas vivimos, no callamos, y en nosotros más que en nadie, está la responsabilidad del cambio, porque somos de la tierra y del sol, de pachamama e inti, y no del Señor -Dinero que nos domina.

 

Hoy más que nunca ¡Luchemos por una América libre! ◘