Los que honran el trabajo

“Para mí el Club Derqui es lo más importante que hay después de mi casa”, dijo Angélica Chevallier.

“Mi papá fue su alumno’, me dicen en la calle”


Angélica Chevalier (62), llegó a Derqui en la década del’70. Madre de tres hijos y directora fundadora de la escuela primaria del Club Derqui. También trabajó durante 13 años en el colegio Santa Ana y fue profesora de la Media 2. Sin menospreciar el presente, ella es “una maestra de antes”.

Conoció Presidente Derqui cuando tenía 19 años. Aquí edificó su familia y se desarrolló profesionalmente.

“Una tía que vivía en el pueblo nos dio el dato de una casita que se vendía acá, pegadito a donde vivo actualmente”, relata de su arribo a la ciudad.

Nació en Capital federal y a los 5 años se mudó a Monte Caseros (Corrientes), donde estuvo hasta los 12.

“Después vinimos a Devoto para que mi padre pueda seguir trabajando, ya que en el interior había menos posibilidades, ahí alquilamos durante 4 años”, continúa.

-¿Qué sintió cuando llegó por primera vez a Derqui?

-Yo venía de un pueblo donde nos saludábamos todos y en la zona de Capital no me hallaba, así que cuando llegamos a Derqui reviví.

Confiesa que al poco tiempo de residencia ya se sentía como en casa.

“Iba al Club Derqui, era socia del Unión donde nos juntábamos en la pileta, era una época divina”, se entusiasma Angélica, cuyo primer trabajo le duró 15 años, y fue en una escribanía.
“Recuerdo con mucho cariño cuando iba a tomar el tren o bajaba, y justo frente a la estación había un almacén de ramos generales que tenía un palenque donde se ataban los caballos, ahí se juntaban los vagos del pueblo, entre ellos mi marido, a mirar a las chicas”, sonríe.

Hoy, ya madre de tres hermosos hijos, Iván, Mariana y María Eugenia, la vecina supo conquistar un lugar destacado en la docencia, sobresaliendo, entre otras cosas, por ser la directora y fundadora de la escuela primaria del Club Presidente Derqui.

“Primero trabajé en la escuela 11, después por recomendación de Graciela Redolfi vino a buscarme la hermana Nélida y estuve 13 años en el Santa Ana”, rememora.

Luego llegaría la Media 2, donde fue profesora de Técnicas de estudio.

“Estuve siempre con primer año, que después pasó a ser octavo y ahora es segundo, lo que cambian son las leyes, nosotros somos siempre los mismos”, sonríe.

“A veces me cruzo con chicos que me dicen: ‘mi papá fue su alumno’, y les pregunto ‘¿Quién es tu papá?’, ‘Fulano’, responden, y me acuerdo perfectamente, los nombres y las caras son algo que no se nos borran a los maestros”, reafirma.

-¿Cómo ve la ciudad ahora?

-A veces nos asusta un poco tanta gente nueva, pero me supera el hecho de ser docente, para la gran mayoría sigo siendo la maestra, están los hijos de los hijos, por eso yo todavía veo más caras conocidas que desconocidas en Derqui.

A los 62 años, con 31 en la docencia y los últimos 15 como directora de la Escuela Primaria Santiago Derqui, esta vecina entiende el presente como un desafío, donde el rol docente puede marcar la diferencia.

“Por ahí me dicen que es un sueño, una utopía, que no se puede vivir demostrando siempre lo mejor, pero creo que los docentes lo tienen que hacer, es nuestra obligación, eso no quiere decir que el chico fuera del colegio no te vea con una bolsa de hacer los mandados o vengan a saludarte corriendo en el supermercado, sos una persona igual que ellos, no como antes que por ahí eras un ser inaccesible. Yo no creo en la autoridad allá arriba, creo en el ejemplo a la par”, sintetiza al amparo de la charla y los sueños… de ayer, de hoy y de mañana.

Así pasó por las páginas de El Apogeo, Angélica “una maestra de antes”. Y nuestra.