Los invisibles

“Acá nunca viene nadie” dijo una vecina a Candy, la payasita ecuatoriana.

Carta a las niñas y niños del barrio “Los Hornos”


En el lugar está instalada la quema de neumáticos que preocupa a los vecinos de Derqui. Hasta allí llegó un grupo de payasitas y payasos para pasar una tarde de juegos junto a los más chicos y conocer sus necesidades.


Por Álvaro Godoy

Con esos ojitos tan chicos empezás a mirar el mundo de los grandes, que alguna vez también soñaron con algo distinto.

Con esos ojitos tan chicos, ves pasar caravanas de gigantes de acero con almas que duermen o fingen dormir, para no ver paisajes de miseria.

Con tu sonrisa, podés abrir las puertas de aquellos que esperan nunca ser molestados.

Con tus canciones, podés despertar a quienes cierran sus ojos y tapan sus bocas mientras densas columnas de humo negro se levantan a su lado.

Con esas manitos que juegan con el barro de los que construyen día a día sus vidas, podés forjar un mundo, donde los cerdos sean domados por niños y las brujas roben colores a las doncellas.

Manitos que aplaudan a los payasos más grandes del mundo y manden caricias, que no fueron dadas, desde aquí hasta Ecuador.

Podés imaginar el mundo de la forma que quieras, porque sos niño.

Montañas y piedras tratarán de entorpecer tu destino, pero llevando en el pecho tu nombre como una armadura incorruptible, subirás al terraplén y pararás las ruedas, que cada vez son más, de los camiones que traen gomas para intentar quemar tus ilusiones.

Bautizados con polvo negro andarán tus pies descalzos sobre el calor de la tierra que te vio nacer, y lucharás a capa y espada para defender el barrio “Los Hornos” (y no “La Quema”, como dicen).

En tus sueños podés crear los planetas más bellos, calmar los vientos y desoír las palabras de los que prometen y no cumplen.

Vos lo podés lograr, recordándonos que todos fuimos niños alguna vez.

Cada día, cuando despiertes, inventá un mundo nuevo. Por vos, por mí y por todos los que todavía creemos que el futuro será de los niños