Cultura al hombrito

Franco junto al resto de su familia y con la camiseta de La Legión puesta. La cultura siembra para después.

“Papá, yo quiero una banda”


Franco Gilardenghi tiene 6 años, cursa Primero B en la Escuela Nº 23 del barrio Los Cachorros de Del Viso. Toca la batería y es el invitado especial de la banda de rock local, La Legión.

En el “Día del niño” de 2009, debutó con un solo de batería en el jardincito frente a sus compañeros. Luego, tocó en la fiesta de cierre de año, que fue un sábado y se hizo en la plaza de su barrio. Inmediatamente los chicos de La Legión (banda de rock emblemática de Del Viso) lo invitaron a compartir escenario con el tema “El tren de las 16” de Pappo, desafío que Franco con apenas seis añitos, aceptó.

Así lo hace desde entonces.

“Soy amigo de los chicos de La Legión, los conocí y me dijeron si quería tocar con ellos”, dice el niño en el living de su casa.

Desde entonces se lo vio y escuchó: en el multitudinario evento organizado por la gente de Espacio El Círculo el 28 de febrero último, también hizo su paso por el Teatro San Miguel y en los diferentes Unión Rock Del Viso (festivales de bandas locales).

“Cuando tenía un año y medio fuimos a un recital a beneficio de un chiquito enfermo, que se hizo en lo que era el supermercado Futuro, ahí me dijo: ‘Papá, yo quiero tener una banda’”, refiere Nacho, el progenitor de Franco.

A los cuatro años, insistía con que quería una batería, y como sus padres vieron que no era un simple capricho de niño, decidieron respaldarlo.

“Le pedí la tarjeta a un amigo y se la regalamos cuando cumplió cinco, desde entonces estudia en el estudio de grabación El mago y su profesor es Adrián”, relata el hombre ante la mirada atenta del resto de la familia, que se completa con Antonella (8), Carla (11) y su señora Nancy.

-Y la mamá ¿qué dice de todo esto?

-Al principio me emocionaba mucho, en los primeros recitales no paraba de llorar, ahora ya estoy más canchera-, sonríe con simpatía mientras acerca un cafecito calentito.

Del Viso es música, cientos de jóvenes recorren sus calles con un instrumento al hombro. Van o vienen de estudiar, en conservatorios, salas de ensayo, clases particulares o simplemente con sus amistades.

Del Viso trasciende sus fronteras con dignos representantes del rock; es que en esta ciudad, según dijo Ariel Rivero, conocedor del tema, hay más de cien bandas.

Y los niños miran, escuchan, vienen detrás con su mundo de ensueño, sus ilusiones intactas. En este caso, Franco, con apenas seis años ya se luce en festivales y sonríe más allá de los adultos. Tiene todo el respaldo de su familia, especialmente el de su padre, que pipa en mano, lo acompaña incansable a donde sea.

“Para mí verlo tocar es como volver a nacer; cuando yo era joven iba mucho a recitales de rock, recuerdo los que se hacían en la explanada del viejo ATC y los de Barrancas de Belgrano”, comparte Nacho frente a su hijo baterista.

Una nueva generación se acerca, vienen nutridos del esfuerzo de sus padres, son testigos de lo que sí se puede.

Una nueva generación sabe que la cultura es indispensable como el agua o el pan. Porque la posibilidad de poder expresar las emociones es vital para una sociedad que ya no se quiere callar más, nunca más.