Historiando

Don Mario Coronel con su nieta Nair en brazos. La historia le debía este homenaje.

Volviendo visible lo invisible


> Por Alejandro Coronel (Profesor de Historia)

Los recuerdos invaden la mente uno tras otro. Colores, imágenes, sonidos, momentos que van a vivir en mi memoria mientras transcurran mis días en este mundo. Lo que más me asombra es cómo un lugar tan pequeño pudo cruzar los destinos de tanta gente. Lo que más extraño…. son los rostros y sonrisas de los que no están, personas que para el resto del pueblo se hicieron invisibles, pero que para muchos andan todavía derrochando alegría en cada una de las esquinas de Derqui.

A mediados de 1880, cuando Don Antonio Toro comenzó su sueño de fundar un pueblo en estas tierras, empezaba a meterse en la historia de personas que vivieron, viven y vivirán acá.

Y de eso se trata esta nota, de historia.

He crecido en Derqui observando cómo sus instituciones se desarrollaron a pasos agigantados, pero sólo conozco sus nombres, no las mujeres y hombres que han dejado sudor y años de bonanza en pos de las mismas. Con el tiempo se volvieron invisibles.

Marc Bloch nos habla del trabajo del historiador: “Detrás de los rasgos sensibles del paisaje, de las herramientas o las maquinas, de los escritos aparentemente más fríos y de las instituciones aparentemente más distanciadas, la historia quiere aprehender a los hombres”.

“Rasgos sensibles del paisaje”, ese mismo paisaje que se vuelve dolor al observar el arroyo Pinazo convertido en un hilo de agua y abandono, arroyo que supo cobijar mis más grandes sonrisas al visitarlo en la niñez junto a mi padre. Arroyo que ya no conocerán los que me van a suceder, porque también se volvió invisible.

Los objetos que observamos en nuestro Derqui, como mudos testigos de una época que se fue, a gritos parecen cobrar vida y pedirnos que los rescatemos de su invisibilidad.

Caminando por las orillas de la vieja estación Toro, sobre las vías del ferrocarril Urquiza, observé una vez cómo un pibe jugaba con los cambios de las vías. Esos hierros en un tiempo dieron vida a los talleres de la estación donde, entre mate y mate, se habrán tejido miles de historias. Ahora solo son puñado de ladrillos que ya no emiten sonidos ni de locomotoras ni de trabajadores… talleres invisibles.

En Derqui siempre reinó la imposibilidad de permitirnos recuperar nuestras calles, lugares y sensaciones; por eso me refiero a la obra de Bloch y querer volver visible lo invisible.

Un monumento en la plaza del pueblo de Don Antonio Toro…que nos llega a través de los tiempos recién en 2010 y que tanto se lo merecía.

Pero la espera valió la pena, en mis años de vida jamás había visto tanta gente junta en esa plaza, tantas almas en un cálido 25 de Mayo festejando el Bicentenario de la Revolución, festejando “Ser parte de Derqui”.

Muchos chicos, juventud vapuleada a veces y señalada como pibes que no saben qué hacer de su vida, criticados por ese pecado que es no tener dinero o contención social, estaban allí, acompañando y participando, llevando a sus hijos a ver “su” plaza. Es fácil sentarse a criticar desde un sillón, pero es ahí donde la facilidad se vuelve tristeza.

Pero la historia vuelve sobre sus pasos y el 25 de Mayo Derquino lo demostró.

Los hombres que fueron el alma ideológica de la Revolución de Mayo: Moreno, Belgrano, Castelli, Monteagudo, fueron duramente criticados en su tiempo. Por solicitar una educación para todos, igualdad de derechos para los pueblos originarios.

Ellos también eran jóvenes. Moreno, asesinado en alta mar a los 33 años, nuestro Antonio Toro, muerto alrededor de los 30 víctima de un certero balazo.

Pero allí estaban, al igual que nuestros jóvenes ahora… construyendo sueños, regalando corazón, alma y vida, realidades.

¿Cuántos de nosotros donaríamos tierras para construir un pueblo como lo hizo Toro? Pregunta dura ¿no?....les aseguro que la respuesta sería más dura.

El presente nos encuentra recorriendo todos los días las calles de este pueblo, calles perpetuas que poco han cambiado con el tiempo, que han contemplado a los que ya no están y que contemplarán a los que nos sucedan. Las nuevas generaciones no saben que en el actual emplazamiento de la estación había una rotonda, donde los niños montados en sus bicicletas, esperaban a sus padres mientras compraban en la carnicería “Los Gallegos”.

¿Cuántos lugares de Derqui se han esfumado entre las brumas del tiempo?

Muchos de nuestros más preciados instantes se vuelven reales a través de uno de los inventos más maravillosos: la fotografía. Recuerdos que atraviesan la memoria se vuelven presente, devolviendo a nuestras vidas a los que nos dejaron.

Pensar que los reyes y emperadores más fabulosos de la historia no tuvieron, a pesar de todo su poder, un simple trozo de papel conque recordar a su gente y sus batallas. Alejandro Magno, Julio César, Moctezuma, Atahualpa, Ramses Segundo….no lo tuvieron.

Y aquí estoy mirando las fotos de mi padre en las calles de Derqui, majestuoso, inmortal, eterno. En un trozo de papel en el que cobra fuerza todos los días y parece volverse leyenda, se vuelve visible. Don Mario Coronel, que escribió un libro sobre Derqui en el que cuenta la historia de fe del pueblo, y pocos saben que tras largos años de juntar información, lo presentó en el Club Unión allá por diciembre de 2006. Luego su salud empeoró dejando este mundo dos meses después.

El proceso de construcción de la identidad histórica sigue siendo difícil.

Mediante una larga invisibilidad del otro, se ha ignorado cultura, historia, actualidad y derechos. La exclusión quitó protagonismo a mucha gente valiosa, sus voces jamás han sido tenidas en cuenta; es ahí donde el sueño de ese joven que ahora es calle y plaza, que ahora se agiganta al escuchar su nombre, Antonio Toro, debe volverse realidad. Su obra se expande por cada uno de los habitantes de su “Villa Toro”, rompe fronteras, se transforma y encuentra a Derqui en el planeta tierra.