Sudáfrica 2010


Un mundial con sueños de potrero


> Por Pablo “Chino” Méndez*

Un mundial de fútbol es mucho más que un acontecimiento deportivo de elite que se organiza cada cuatro años.

Intentar explicarlo, como hincha desde luego, es un verdadero desafío, más aun, cuando estamos en los umbrales de otra copa del mundo. No se trata de contar que en la fase final se la disputan las 32 mejores selecciones del planeta, o que éstas últimas se dividen en 8 grupos de 4 países. Y menos, apretar datos y estadísticas. Para muchos hinchas, es la defensa de la memoria.

Alguno que tablonea los 70, no olvidará jamás la injusta expulsión de Rattin en el ’66; quizás otro recuerde la puteada de Tarantini a los genocidas después de convertirle un gol a Perú en el ’78.

La imagen de tu viejo emocionado, envuelto en banderas; el llanto de algún fulano con “la jugada de todos los tiempos” de Maradona en el ’86. Las manos de Goyco en el ’90. La crucifixión de Diego en el ’94.

En la esquina de la casa de mi vieja, en Barrio Toro, salíamos a imitar el festejo de Burruchaga con las manos al cielo. Otros, tomando el ejemplo de Brown jugando la final con el hombro dislocado, se levantaban después de una patada.

Los goles de Bati, la corrida de Cani.

Sí, jugábamos nuestros mundiales en un potrero que hoy ya no existe, y éramos la selección toda la tarde hasta que no se veía nada.

Pienso que en la trayectoria de un futbolista, participar de un mundial debe ser una culminación. Una vida imaginándolo y otra recordándolo.

Días de fútbol patrio en donde se pondrán la camiseta despacito, y cuando se la acomoden frente a un espejo, mirarán más allá.

Ojalá se les erice la piel con el Himno, que lo disfruten.

Les pedimos (más allá del resultado) que sean poéticos y prosaicos, porque ése es el estilo argentino: la versatilidad.

Hemos sido campeones con tres delanteros y con un solo punta, con 4 en fondo y con líbero y sttopers, con enganche o sin él -a diferencia de Brasil que juega a lo mismo desde siempre-.

Que dejen a un lado ciertos vedetismos y transpiren la camiseta, que enciendan la llama del fuego sagrado, que aprieten los dientes, que suelten los nervios, que no se avergüencen de la ilusión y no le teman al atrevimiento.

Y si en algún momento se sienten demasiado importantes, que hagan memoria, que cierren los ojos y se acuerden del barrio, del baldío en una tarde de sol, de los amigos corriendo detrás de la pelota.

Acá, hasta las mujeres que nos tildan de pesados, estarán atentas apurando el sorbo del mate con nervios. Y nosotros, desde donde nos toque estar, con la pasión en la sangre, soñando frente al televisor con un gol memorable.

Porque el mundial es eso: la reivindicación de aquellos sueños derrumbados, sueños de potrero.

¡¡¡VAMOS ARGENTINA CARAJO!!!


*Padre de familia, nacido y criado en Derqui, hoy vive en Villa de Mayo. Colaborador especial de Periódico El Apogeo.