El 17 de julio será la fiesta de los 60 años de vida -Bodas de Diamante- de una de las instituciones más queridas de la ciudad.
Nancy Basualdo (47), María Fernanda Bertazzo (36), Verónica Luqui (40) y Roxana Caldara (40), todas ellas trabajan en la institución, pero además de obligaciones y responsabilidades, sus vidas están ligadas al club desde lo afectivo.
Nancy, por ejemplo, que es la administrativa más antigua, practicó básquet desde las primeras categorías hasta Cadete, su padre Carlos fue uno de los referentes de esa actividad deportiva y su madre es una de las primeras socias.
“Cuando el jardín de infantes Los Conejitos tenía apenas un año, fui la representante legal del establecimiento, hoy mis hijos estudian acá, hasta mi marido que vivía frente al Unión ahora es del Derqui, mi vida está en este club, es nuestra segunda casa”, dice la conocida vecina.
En el caso de Verónica, su acercamiento a la institución llegó de la mano de su hija.
“La primera vez que vine fue para traerla a mini básquet, ella tenía 6, 7 añitos, ahora tiene19; después empecé a colaborar en la Comisión haciendo rifas, bingos, en fin, todo tipo de eventos para organizar viajes a Misiones, intercambios…esos fueron mis primeros pasos”, sonríe y recuerda.
El padre de Roxana Caldara también pasó gran parte de su vida en el Club, su hermano Miguel practicó básquet. Hoy, tanto las mujeres como los varones, defienden con orgullo la Rojinegra.
“Son muchos sentimientos y recuerdos los que me unen a este lugar, mis hijos están estudiando acá, yo misma paso gran parte del día en el Club, para mí también es como una segunda casa”, declara Roxana.
Como buen club, los años fueron sembrando anécdotas en el corazón de socios y vecinos y ya se prepara con ansias la fiesta almuerzo del 17 de julio que incluye, nada más ni nada menos, que a Los Wawancó.
“Mis papás nos traían a cenar al club todos los martes, comíamos con otras familias, nosotras nos juntábamos con Luli Tejero y Verónica Herrera, éramos chicas y mi mamá Ana cocinaba para todos. Me acuerdo que venían otras personas como el dueño de la rotisería “El Milagro”, que se llamaba Silvio Rosales, Angelito Méndez, el gallego Fulgueiras”, evoca
Fernanda Bertazzo, hija mayor de Carlitos.
Era el tiempo en el que en el “Salón Negro” había un piano y los primeros besos aleteaban en los corazones sencillos de las chicas y chicos del barrio.
El nombre de un joven galán sonríe y hace un guiño en mitad de la entrevista: Andrés Carpegna.
De esa madera se nutre la historia de nuestro pueblo. Un recorrido que entrelaza pasado, presente y futuro, y que avanza hacia el porvenir, trae mujeres y hombres, niños y abuelas.
“Recuerdo que a los 10, 12 años venía con mi prima al viejo chalet del Club y mientras nuestros padres preparaban las mesas para los bailes de carnaval, nosotros sacábamos de grandes bolsas de arpillera papel picado, y armábamos bolsitas más chicas”, sonríe Nancy.
“Cuando empecé a trabajar en el club, nada que ver con lo que tenemos ahora, en preescolar había dos salitas, no existía el colegio ni estaba techada la cancha de básquet, el progreso de los últimos años me asombra”, manifiesta Fernanda.
Con instituciones que se fueron haciendo grandes, la celebración de nuestra historia, que está llena de esfuerzos, nos enseña que siempre hay algo para mejorar y que la alegría compartida, como ésta que nace en los , es alimento para el corazón y reencuentro con el otro
Sesenta años de vida no es poco, el 17 de julio hay fiesta en el Derqui… ¿te la vas a perder?