Corren las historias en el barrio,
porque hay esquinas que el
tiempo no borra.
Danzan pibes de ayer que luego se vuelven hombres, buenos muchachos
que fueron tallando sus propios códigos
para sobrevivir.
-Amistad-, dicen algunos.
–Respeto-, señalan otros.
Hay asados que los años no apagan.
Picaditos de fútbol, gambeteadas
hacia el gol, paréntesis en medio de
la furia.
Derqui renace cada año desde los
baldíos de la infancia.
Se levanta el barrio Toro adelante,
primera línea para los muchachos que
no se venden.
Derqui abraza guitarras sentenciosas,
vino compartido, alegría frutal
del verano.
Y la risa se suelta como un río
desbocado, se contagia y retumba
multiplicada.
La risa entre amigos, la bandera que
flamea en la esquina del corazón.
Dame voces para recordar, dame
rondas que alivien penas, cervecita
frapé, costillar a punto, locura linda
que nunca falta.
Porque de niños a hoy, muchas
cosas han pasado. Fuimos pájaros,
perros, tormenta, vagos, pendencieros,
pero también trabajadores,
músicos, poetas, pescadores, albañiles,
remiseros, soderos, padres,
tíos, contadores de cuentos y hasta
jugadores de fútbol.
Fuimos y somos tantas cosas, tanto
se dijo y se vivió.
Paridos por Derqui, para bien o
para mal, seguimos en pie. Riendo
a carcajadas cuando nos juntamos,
compartiendo esa alegría.
Bienvenido 2011: “El barrio sirve,
el barrio acompaña”.
Salud An the Larry, linda cuadra
para sembrar colores.