Editorial


Tiempo sin relojes


> Por Victor H. Koprivsek

Febrero llega en el descanso apurado del verano. Llega en la lluvia de fuego, esparcida por las calles semidesiertas de los barrios ahora lentos.

Febrero salpica olas con gusto a sal, vientos corriendo entre montañas y cerros, noches de estrellas junto al río. Febrero baja dos cambios para que veas, para que aprendas la vida corta, el tiempo sin tiempo, la angustia de los días primeros en los que sólo hay que disfrutar de unas merecidas vacaciones.

Febrero lejos, sin poder desenchufar la maquinaria que fabrica pensamientos abultados, esa gran usina que escupe ideas, rostros, calles que podrían ser, calles que son, proyectos, plazos, voces, canciones, letras, ansiedades, bla bla bla. Febrero de sol, distancias, cables, mensajes, soledad.

-¡¡¡Epa!!! -Te fuiste al carajo amigo, dame horas de sentir la brisa fresca sobre la cara, minutos de luna en silencio, segundos de estar parado en un lugar desconocido.

Febrero asombro, sorpresa, aventura. Febrero descorre una enorme pista de despegue para carretear lo que se viene.

Puentes, películas, cafés literarios, celebraciones, banderas, color azul, celeste y blanco, verde, rojo fuego.

Febrero progreso, desafío, oportunidad. Febrero libros tejiéndose, llenándose de palabras, espadas, amores, esperanzas y gritos.

Febrero es algo que empieza, algo que apenas se presiente. Multitud agrupándose, cuerpo irguiéndose, oxígeno en los pulmones, corazón golpeando la caja, templando la cavidad con sutilezas graves, preparando el tambor de marzo.

Febrero 2011. Febrero nuevo despertar, velos que se descorren, camino que queda atrás y se proyecta en lo que vendrá.

Gracias gran jefe. Hay ríos por venir, ríos que ya refrescan las gargantas sedientas de quienes andan porfiando la vida, floreciendo la cultura, llevando hasta la cima de lo posible el barrio de uno. Esa patria chica que es la esquina. Aunque un poquito de distancia no viene mal, abrasadora esquina que nos pariste.

Vecinas, vecinos, auspiciantes, comerciantes, docentes, profesionales, remiseros, astrónomos, músicos, farmacéuticas, niños y niñas bulliciosas de la siesta.

Febrero cuaderno lleno de dibujos y colores. Prepárense para lo que se viene, cada año el compromiso es doble, cada nuevo escenario incendia viejos temores, mastica miedos.

Febrero verbo, movimiento gestándose, razón de amar, respirar, afinar la pluma, desplegar las alas, sacudir la tierra de tanta frente, renovar el fuego sagrado de lo que palpita, actitud, primera fila, sacrificio, intento, mirada firme en el horizonte cerca.

Febrero chicharras, piletas, ducha fría, pies descalzos, cuero en las calles, piel de sol, curtida esperanza de lo que roza al otro, a vos, a mí, a aquella.

Febrero todos. Los maestros rurales reunidos en Mendoza, la banda de rock con su video clip, Melvin Ayala de Puerto Rico a Derqui sin escalas. Juego de espejos, máquina sonora, los que se fueron lejos, cultura al hombro.

Febrero y esta nueva edición arrancada del ocio y la tormenta, parida por la sombra y la luz, el cielo en calma y el corazón en llamas.

Gracias colaboradores, escritores, fotógrafos, clientes, lectores, correctora, amigas y amigos arriba de este tren que sigue llegando hasta la mesa familiar de los que mes a mes, nos buscan.

Febrero mano que se tiende y se estrecha con otra. Es bueno verte, nunca nos fuimos. Y vos tampoco.

Somos parte de esta ciudad que es un bosque y una espesura, una caravana interminable y una ilusión.

Febrero, breve antesala de lo que llega.