Solidaridad, dignidad, honestidad, unidad, confianza mutua, coraje, disciplina, valor de la palabra y responsabilidad.
Hay lugares que salvan
vidas, que forjan vida,
lugares que son la vida
misma. La vida seria, con la
mirada seria, la seria sonrisa que
resplandece.
“Al principio nos prestaba su
casa la señora Olga, hasta que
pudimos empezar a construir el
centro”, comienza diciendo Cristina
González (40), quien llegó
al barrio Pinazo hace 15 años. Es
oriunda de Misiones y madre de
dos hijos, una mujer y un nene.
-¿Cómo fue que te embarcaste
en este proyecto?
-A través de Lisi, Directora de
la Fundación Del Viso, voy a ella
por problemas con mi hermano
Diego, acá todo el mundo lo
conocía por Samy. Él cae preso
en el 2003 y después se quita la
vida, fue muy duro para nosotros,
un tiempo después me llama Lisi
y me cuenta el proyecto de abrir
un centro comunitario en el barrio,
y acá estoy.
Hace 6 años que las puertas del
lugar están abiertas de lunes a sábado.
Actualmente se dictan clases
de EGB para jóvenes y adultos.
“La maestra se llama Mariela,
también hay talleres de murga,
arte, teatro, circo, cine debate,
contamos con biblioteca y tutorías,
los viernes hay asambleas y festejamos los cumpleaños”, describe
con la mirada sincera mientras
el mate pasa de mano en mano
y en la cocina se prepara la comida
para los chicos del barrio.
Otra de las patas fuertes del
Centro son los microcréditos
otorgados a través del “Banquito
de la Buena Fe”.
“Es para mejorar la calidad
de vida y trabajo de los vecinos”,
destaca Liliana (33) coordinadora
de esa área.
“Para acceder al microcrédito
tenés que ser mayor de 18 y venir
con un proyecto personal, la devolución
del dinero es semanal y se
arman grupos de cinco personas,
ahora hay ocho grupos de distintos
barrios, Los Tilos, Pinazo, El Faro
y La Loma”, informa la joven.
“Yo trabajo con los más chicos,
doy apoyo escolar”, se suma Natalia
Ramari (19), coordinadora de
las tutorías que vive en Los Tilos.
-Sos muy joven, ¿cómo fue que
te sumaste?
-A los 15 años fui al otro Centro
(ICAP) que está en Del Viso,
donde se abrió un taller de música;
yo tocaba la armónica y después
me preguntaron si quería trabajar
con chicos, me enganché y empecé
como promotora deportiva,
después pasé a Campanitas (jardín
comunitario que está en el Bº Falcón)
y desde hace tres años estoy
acá, es hermoso ayudar.
Asisten alrededor de 50 niños
de 6 a 12 años más otra cantidad
de jóvenes de entre 13 a 18, tienen
prioridad aquellos con padres separados,
intervención en la justicia
o problemas en el colegio. Para
ello trabajan en conjunto con las
escuelas Nº 16 y 41.
“Uno de mis ideales es que
algún chico que haya pasado por el Centro lo pueda coordinar el
día de mañana y continuar transformando
la realidad del lugar”,
resuena la voz de Cristina.
Vecinos autoconvocados y Madres
unidas, fueron algunas experiencias
que le dieron organización
y fuerza al barrio que se extiende a
orillas del arroyo Pinazo pegadito
a la Ruta 8.
“Con el grupo de jóvenes y
padres fuimos trabajando el tema
del arroyo, a través de charlas,
carteles, pedidos al Municipio de
luminarias, porque generalmente
arrojaban basura a la noche cuando
no se ve. Gracias a Dios hoy no
tenemos ni basura ni autos tirados
adentro del agua”, comentan con
orgullo.
-¿Qué les parece la idea de
empezar a convertir el arroyo
Pinazo en un lugar de vida y no
de muerte?
-Sería muy bueno poder recuperar
el arroyo, no hace mucho
había pececitos, ahora ya no-,
suelta Olga que se desempeña
como ayudante de cocina y también
vive en el barrio.
-Yo vivo a tres casas de acá y
hemos sufrido mucho las inundaciones,
no hay que tirar más basura
al arroyo-, sentencia Mirian (41)
encargada de la cocina.