A continuación, una experiencia de vida y una muy buena idea para implementar en el Partido de Pilar.
Vivo en el Barrio Parque El
Rocío, mi familia está formada
por mi esposo y tres
hijos, de 8, 6 y 1 año. El del medio,
Tomás, tiene Trastorno Generalizado
del Desarrollo (TGD). Él está integrado
a una escuela común, el colegio
Espíritu Santo de Maquinista Savio,
al cual agradezco la contención que
le brinda el grupo de compañeros,
padres, docentes y no docentes. Todos
son muy importantes en la vida
de mi hijo.
A mediados del año 2010, debido
a la insistencia de algunas personas,
hice un curso de “Equinoterapia” en
la Asociación Fundadora de Actividades
Ecuestres para Discapacitados.
Hasta el día de hoy estuve buscando
la manera de transmitir los beneficios
que dicha actividad otorga a personas
con necesidades especiales.
Regulación del tono muscular,
grabación y automatización del patrón
de locomoción, desarrollo del sistema
propioceptivo y de la conciencia e imagen
corporal, desarrollo del equilibrio
vertical y horizontal, fomento de la coordinación
psicomotriz gruesa y fina,
desarrollo de la comunicación análoga
y verbal, aumento de la atención y
concentración mental, incremento de
autoconfianza y autoestima, estimulación
del sistema respiratorio, y algo
sumamente importante, integración
social y deportiva, ya que se organizan
eventos y competencias, que también
ayudan a la contención de los padres.
En la equinoterapia el caballo pone
a nuestro servicio tres características
específicas: la transmisión de su calor
corporal, la transmisión de sus impulsos
rítmicos y la transmisión de un
patrón de locomoción tridimensional
equivalente al patrón fisiológico de la
marcha humana.
La idea de esta nota es decirles que
se pueden hacer muchas cosas para
mejorar la calidad de vida de nuestros
hijos o familiares, dejando a un costado
lo que no pueden hacer y desarrollando
al máximo lo que sí pueden.
He tenido la posibilidad de ver personas
con parálisis cerebral montando
solas un caballo y siento que los vecinos
del Partido de Pilar también podemos
tener la oportunidad de acceder a
un Centro de Equinoterapia, más allá
de si tengan o no obra social.
Para eso, yo misma presenté en la
UMGE una carta facilitando costos
y proponiendo encargarme de conseguir
las donaciones para llevarlo
a cabo, lo único que se necesitaría
es un espacio físico, en lo posible
cerca de un centro con profesionales
(psicomotricistas, kinesiólogos,
psicopedagogos, etc), y como Pilar
ya cuenta con el Centro “Pilares de
Esperanza”, me animé a entregarle el
proyecto en mano a la Sra. María del
Carmen Rodríguez de Zúccaro.
Como mamá de Tomás, puedo
decir ¡vamos por más!, especialmente
cuando en el medio de todo está el
condimento más importante, AMOR.
Otra cosa que aprendí, es que las
personas que llaman especiales, son
nuestros más grandes maestros de la
vida y son los primeros luchadores.
Cada padre sabe la emoción que
se siente ante los logros de los hijos,
imaginen lo que sentimos el papá de
Tomi y yo, cuando a fin de año le dieron
el “PREMIO REVELACION EN
EQUINOTERAPIA CATEGORIA
INFANTILES”.
¿Es loco decir que un caballo es un
“valioso terapeuta”?
Para mi familia y para mí, no.
Muchas gracias por permitirme
compartir esta experiencia de vida y
ojalá se logre este objetivo y muchos
más. Gracias a la persona que me
dio la idea de contarlo en este lindo
periódico, no sé su nombre pero ella
sabe quién es.